Proyectos
Puente de Briñas en Haro (La Rioja)
Lectura estratigráfica de los alzados y excavación arqueológica.
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Año de realización: 2007

Trabajos realizados: Lectura estratigráfica de los alzados y excavación arqueológica.

Equipo de trabajo: José Manuel Martínez Torrecilla, Leandro Sánchez Zufiaurre, Fernando Álvarez Plana, Blanca Renedo Villarroya, Jesús Lorenzo Jiménez, Erkuden Laskibar Górriz, Miren Fernández de Gorostiza López de Viñaspre, Mireia Gorrotxategi Elosegi.

 

En el año 2007 y debido al proyecto de restauración integral del puente de Briñas, realizamos un estudio arqueológico consistente en su lectura estratigráfica, en la ejecución de sondeos arqueológicos y en el control arqueológico de las obras.

Los resultados de los sondeos arqueológicos fueron escasos, aportando evidencias que no se pudieron retrotraer más allá del siglo XIX, pero como explicaremos más adelante, no carecen de interés. La lectura estratigráfica de los alzados del puente nos ofreció más información. Se trata de una estructura edificada sobre el río Ebro. Actualmente presenta siete arcos, manguardias en sus extremos y seis pilas. Estas últimas se componen aguas arriba por tajamares triangulares y aguas abajo por estribos o espolones. Tras nuestro estudio, apoyado en el estudio documental Realizado por la Dr. Begoña Arrúe para el primer proyecto de restauración redactado por el arquitecto Oscar Reinares, articulamos su secuencia histórico-constructiva en siete fases:

Fase I. Los vestigios más antiguos del puente se encuentran en el lado oriental de la pila 6 del puente. Nos permitieron certificar que inicialmente las dimensiones del puente eran muy diferentes al que ahora contemplamos. Las características más sobresalientes eran que el puente original era más estrecho y sus arranques en ambas orillas se encontraban a una cota mucho más baja. Documentamos la existencia de roscas de arcos embutidas en obras posteriores (en la bóveda del arco 7) con anchuras menores y también restos de un espolón más estrecho que el actual. Los elementos incluidos en esta fase son los únicos que presentan sillares con labra realizada a tallante un módulo menor al del resto del puente. En cuanto a su cronología, la primera fuente documental que se refiere a esta estructura se data en 1320 y por otro lado, la ampliación posterior en anchura se fecha gracias a una inscripción labrada en uno de los tajamares, en 1574. Por tanto, esta primera fase se encuadraría entre esas dos fechas.

Fase II. En este segundo momento se lleva a cabo la ampliación del puente en anchura, alcanzando prácticamente el desarrollo que tiene actualmente. Esta obra se realizó como un forro en torno a la pila 6 original, aunque este momento constructivo se evidencia en varios tramos a lo largo de todo el puente. Pero la relación de esta segunda fase con la primera únicamente es visible en el extremo oriental del puente (donde se conservan los elementos de la primera fase). Aquí es donde podemos certificar que esta ampliación en anchura se realizó tanto aguas arriba como aguas abajo del puente “forrando” la obra previa.

De este momento se han documentado restos en la fábrica de todo el puente tanto aguas arriba como aguas abajo. Con esta obra de ampliación, el puente quedó configurado con seis arcos apuntados, con un perfil seguramente alomado y con el doble de anchura que el puente de la fase precedente.

En cuanto a la cronología, opinamos que la obra se relaciona con el año inscrito en uno de los sillares del tajamar 3, concretamente 1574.

Fase III. En esta nueva etapa se reconstruyen los arcos 4 y 5 y la pila 4, situada entre ambos. Desconocemos por qué, aunque creemos que fue una ruina casi completa de estos arcos la que obligó a esta obra. Todas las estructuras realizadas en esta fase tienen un rasgo tipológico característico: la presencia de agujeros (gafas) tallados en la parte central de la cara de los sillares, para colocar en ellos las garras de la grúa para su colocación.

Aunque morfológicamente las obras de esta fase se diferencian claramente de etapas anteriores, los arcos del puente siguen siendo apuntados y en número de seis. Adscribimos esta fase a las obras realizadas por Pedro de Urquiola en 1643 citadas en las fuentes documentales.

Fase IV. Se realizan una serie de reparaciones que cambian sustancialmente la morfología del puente. La bóveda del arco 6 se modifica en su parte central y en su mitad derecha aguas arriba y se documentan modificaciones en el arco 2 aguas arriba. También ahora se construye completamente el arco 3. Lo novedoso es que, por primera vez en el puente, se voltea un arco de medio punto y no apuntado. Quizás este cambio venga dado por la necesidad de bajar la altura del puente, tendiendo a una mayor horizontalidad en su trazado. Desconocemos la fecha de esta fase y únicamente podemos confirmar que estratigráficamente se realiza después de la fase III.

Fase V. Este momento constructivo se centra en la obra realizada en la margen izquierda, al oeste, levantándose un nuevo arco de medio punto y el tajamar 1 que se caracteriza por su gran tamaño. Esto es debido a que en este punto acababa el puente original y se desarrollaba una manguardia. Ahora reutilizan parte de esta manguardia para la obra de este tajamar y de ahí su tamaño. Lo mismo ocurre con el espolón aguas abajo, con un mayor desarrollo dado que reaprovechan parte de la manguardia que en este punto existía previamente.

Afortunadamente esta fase presenta un encuadre cronológico claro. Las fuentes nos informan que en 1735 Agustín Ruiz de Azcárraga y Martín de Arrate mencionan la necesidad de obras en el puente y plantean la construcción de un nuevo arco en la margen izquierda porque el río había abierto una zanja. Las obras se demoraron y no es hasta 1788 cuando Francisco de Echanove y Juan de Extremiana presentan un informe donde se recoge la primera descripción del puente con siete arcos. Por tanto, esta fase se encuadra a finales del siglo XVIII.

Fase VI. Las obras que se incluyen en esta fase se concentran fundamentalmente en la margen derecha del puente, al este y se realizan a lo largo de la primera mitad del siglo XIX. Ahora se reconstruye el arco 7 y con la manguardia curva de este lado del puente. Además, en el estribo del puente aguas abajo se documenta un vano que desde el puente daba acceso a una estancia adosada que se construye en este momento.

Las fuentes documentales nos hablan de modificaciones realizadas en el contexto de la Guerra de Independencia y la Primera Guerra Carlita. Se construyen fortificaciones y se levantan antepechos. En los sondeos arqueológicos ejecutados se documentó un foso realizado en la zona oriental del puente sobre el que se realizó otro tras el abandono del primero. Tanto las evidencias de los sondeos como las obras documentadas en los alzados del puente nos hablan de obras de fortificación producidas en este siglo XIX.

Fase VII. En esta última fase se engloban las obras realizadas entre mediados del siglo XIX y mediados del siglo XX, realizadas para la mejora y acondicionamiento del puente pero que no afectaron de forma radical a su estructura. Es ahora cuando se arreglan los pretiles elevando su altura y se colocan vierteaguas en la parte superior de los arcos del puente, tanto aguas arriba como aguas abajo. Se ciega el foso documentado en el sondeo, perteneciente a la fase precedente y el acceso que comunicaba el puente con la estancia anexa, que quedó abandonada; se cubre todo el puente con un rejuntado por lo que han de fijar andamios, documentando los agujeros para su fijación. A esta fase pertenece un vano situado en el estribo de la margen izquierda que seguramente corresponda a un arco menor, un aliviadero que se encontraría cubierto con bóveda rebajada y que posteriormente quedaría cegado.

Por último, en los sondeos se han podido documentar obras realizadas en el siglo XX como reparaciones en el pavimento o la colocación de tirantes para evitar el desplazamiento de alguno de sus arcos.

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